CRISTOMANIA
 

Comunidad Jésed
Ministerio de Música

BÁSICO
1. Qué es un Ministerio de música
2. El carácter espiritual de la música
3. La vocación y las virtudes del Salmista
4. La música en la Alabanza y en la Adoración
5. La música en la vida del Pueblo de Dios
6. La música al servicio de la liturgia
7. El canto inspirado
8.Fundamentos de Composición
9. Taller de Composición Básico
10. Fundamentos de Sonorización
INTERMEDIO
1. La Ración de los Cantores (Nehemías)
2. Estilos y tendencias musicales
3. Elementos y fuentes de Composición
4. Taller de Composición (Intermedio)
5. Sonorización: Instalación y operación
6. Fundamentos de producción de música
7. Evangelizando con la Música (Conciertos)
8. Música y Liturgia I: La misa y sus partes
9.  Música y Liturgia II: Selección de cantos propios
10. Música y Lit.III: La Música Sacra (Documentos)  
11. El Ministerio de Música en las Asambleas de Oración
AVANZADO
1. El músico en la comunidad cristiana
2. El líder de la música en las Asambleas
3. Equipos de Sonorización
4. Composición avanzada
5. El liderazgo en el ministerio de música
6. Historia de la música en la Iglesia
7. Taller de producción musical: Grabación
8. Taller de producción musical: Edición, Mezcla y masterización
9. Producción ejecutiva y distribución de música católica
10. Planeación y organización de ensayos

 

NIVEL BÁSICO
8
. Fundamentos de composición


I. ¿Por qué componemos cantos nuevos?

La respuesta nos la da la Biblia: En el Salmo 98, 1 dice: Cantad a Yahveh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; Así pues, cantamos cantos NUEVOS porque el Señor ha sido bueno, y ha hecho maravillas con nosotros. El canto nuevo tiene un sentido de espontaneidad y de frescura que toca nuestro corazón de manera especial.

Otro ejemplo de esta gratitud, gozo y espontaneidad la vemos en el Salmo 96, 1 -4:

"Cantad a Yahveh un canto nuevo,
cantad a Yahveh, toda la tierra,
cantad a Yahveh, su nombre bendecid!
Yahveh ha dado a conocer su salvación,
a los ojos de las naciones ha revelado su justicia;
se ha acordado de su amor y su lealtad
para con la casa de Israel.
Todos los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios.
¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,
estallad, gritad de gozo y salmodiad!

Si están bien compuestos, los cantos nuevos nos impulsan a esta exaltación, A GRITAR DE GOZO!

Cuentan que cuando se presentó por primera vez el "Mesias" de Hendel , el Rey estaba presente, y al llegar al famoso "ALELUYA" que se ha convertido en el sello de la obra, fue tanta la fuerza de este canto (nuevo para él), que se puso de pie emocionado. Desde entonces, se volvió una tradición, que cuando se toca el "Mesias", al llegar al "Aleluya" la gente se pone de pie.

Para que un canto nuevo cause en nuestro corazón el impulso de alabar a Dios, debe tocarse con rectitud, destreza y en oración, como nos enseña el Salmo 33, 1 a 3:

Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!,
de los rectos es propia la alabanza;
¡dad gracias a Yahveh con la cítara,
salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;
cantadle un cantar nuevo,
tocad la mejor música en la aclamación!

II. ¿Cómo prepararnos para componer un canto nuevo?

Un verdadero canto espiritual es fruto de un encuentro con Dios, fruto de la oración y del deseo de expresarle a Dios nuestro amor: Como dice el Salmo 144, 9: "Oh Dios, quiero cantarte un canto nuevo, salmodiar para ti al arpa de diez cuerdas" El corazón desea cantarle al Señor para expresarle de manera especial su gratitud. Así pues, el componer un canto nuevo no es un fin en si mismo, sino un medio para acercarnos a Dios. Por eso, a veces el canto no surge como un ejercicio racional de composición, sino fruto de nuestros momentos de oración y reflexión.

En el tema anterior "Canto Inspirado", les comentaba lo siguiente: "Mas de la mitad de los cantos que yo he compuesto son adaptaciones de cantos inspirados que el Señor me dio en la oración, y creo que es el caso de muchos otros compositores. Sabemos que muchos de los cantos mas hermosos que tenemos en nuestros libros de cantos surgieron como fruto de cantos inspirados. Por eso suelen ser muy sencillos de letra y fáciles de aprender. Por eso, hay que promover el canto inspirado!!"

Esto no quiere decir que solo los que hacemos "canto inspirado" podemos componer. Tampoco significa que no necesitamos estudiar las técnicas de composición, el perfeccionamiento, las fuentes, etc… De ningún modo!

En el caso de la obra "El Mesias" de Hendel, al que ya nos referimos, cuentan que Hendel tenia la encomienda de componerlo en cierto plazo. Cierto día, estando en oración, tuvo una visión del cielo, y quedó tan impactado e inspirado por lo que había visto y oído, que solo tardó una semana en componer toda la obra. (Normalmente, una obra tan tremenda como esa hubiera tomado MESES!!) Sin embargo, Hendel sabia escribir música, conocía las técnicas y modo de tocar de todos los instrumentos de la orquesta, conocía de armonía y melodía, etc… la obra "El Mesias" fue el fruto de la unión fecunda de ambas cosas: La inspiración de Dios y la formación y destreza musical de Hendel.

Así pues, el primer paso para la composición de un canto nuevo es necesariamente la oración y la intimidad con Dios. El es quien pone en nosotros el canto nuevo, como dice el Salmo 40, 4 "Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza". Pero este "primer paso" debe acompañarse del estudio de técnica musical, formación doctrinal y conocimiento de las fuentes de composición, como se explica a continuación.

Hay un aspecto de preparación que es muy importante. A San Bernardo (a él se atribuye el "Salve Regina" y muchos otros himnos) le pedían que opinara sobre la composición. San Bernardo, antes de aceptar, insistió en dos cosas: 1. Que la vida del compositor fuera de santidad, como se esperaría de un PROFETA y 2. Que no se compusiera algo inútilmente, o de manera trillada e innecesaria. Un compositor esta llamado a ser santo antes que compositor, y "poeta y profeta, se nace para alzar la voz!"

III. ¿De dondé nos inspiramos para componer?

III.1 La Letra: Normalmente, tenemos 3 fuentes de composición a nuestra disposición: 1) Los Salmos e himnos de la Biblia, 2) los himnos y poemas de la liturgia y de la tradición de la Iglesia y de los santos, y 3) las palabras que nacen de nuestra propia inspiración personal.

Entre mas conozcamos y escudriñemos las escrituras, los salmos, los libros litúrgicos y los escritos y poemas de los santos, mas nos impregnamos del espíritu de oración y gratitud de la Iglesia, y enriquecemos nuestras fuentes, lo cual hace mas hermosa nuestra composición. A veces, por flojera o por creernos muy "inspirados", privilegiamos nuestra inspiración personal, rechazando el estudio de las otras fuentes, y decimos cada barbaridad! Sin mala intención, podemos estar diciendo cosas que contradicen la doctrina o la sana espiritualidad.

Por ejemplo, en cierto canto de ofertorio, el autor le ofrece a Dios, junto con el pan y el vino:

"El odio de los que mueren sin fe
cansados de tanto luchar"…

Obviamente, esto no puede estar en las ofrendas!!! Yo creo que es un error poner ese texto en un canto de ofertorio. Un ejemplo mas burdo seria llamar a Cristo "Padre Cristo", o decirle a María "te adoramos, María", etc… Pero hay ejemplos mas sutiles de mal gusto o de error doctrinal o simplemente de falsa piedad:
"desde que voy junto a ti, no sé porque la gente llorará… andando de tu mano, que fácil es la vida, andando de tu mano, el mundo es ideal"

Obviamente quien escribió esto no hablaba muy en serio, o no sabia de que hablaba, porque habla de caminar sobre espuma y rosas, y de no comprender el sufrimiento de la gente, como si no existiera la Cruz y la persecución al seguir a Cristo!

Debemos privilegiar las fuentes probadas (las 1 y 2 de arriba) y si hacemos un canto de nuestra propia inspiración, debemos someter el texto a una revisión cuidadosa, haciendo ajustes de ser necesario.

Anécdota: Recuerdo que mi hermano de Jésed, Miguel Martinez había compuesto "Los Cantores", y en la segunda estrofa decía:
"benditos los hijos de Levi, siervos del Señor, generación tras generación,
y de ellos, aun mas los cantores, con sus odas, himnos y oraciones".

Me pasó la letra para revisarla y yo le pedí que cambiara lo de "y de ellos aun mas los cantores", porque se entiende que los cantores somos mas benditos que los levitas, cosa que no es cierta… le cambió a "y de ellos también los cantores".

Siempre me divierte pensar que hubiera opinado algún levita que hubiera escuchado la primera versión!!

Siempre es bueno leer y orar con la Biblia, la liturgia de las horas y leer los escritos de los santos, para enriquecer nuestra visión de lo que vamos a componer. Muchos de los cantos de Jésed están basados en textos de estas fuentes, y como la Palabra de Dios tiene poder, y "es como espada de dos filos", este poder espiritual toca y mueve los corazones.

III.2 La Música: También para la música existen "fuentes" o referencias que nos pueden ser de gran utilidad al momento de componer. Ciertamente el canto inspirado surge con una "música nueva", pero es diferente si se acompaña con piano, con guitarra o con flautas, o si es "a capella". (Yo creo que el canto Gregoriano nació siendo canto inspirado a capella)

En cualquier caso, tanto en una composición sistemática y metódica como también en el canto inspirado, el Señor inspira la música dentro del marco cultural de la persona, y pone en la música el lenguaje cultural de la comunidad que usará el canto para acercarse a Dios. Por ejemplo: los modos armónicos y melódicos en la India son muy diferentes que en Occidente. Cuando yo visité la India y fui a misa, me llamó la atención que todos los cantos estaban compuestos en el lenguaje musical de su cultura, así, quienes escuchaban y cantaban entraban en oración por este medio. Así pues, es normal que nuestras composiciones tengan el sello y el sabor de nuestro ambiente cultural, es decir, que estén inculturadas.

En la medida en que conocemos mas variedad de música, mas fuentes musicales de composición tendremos a nuestro alcance.

III. Las flores y los frutos de nuestra composición

Muchas veces, al terminar de componer un canto, esperamos que suceda con él una especie de milagro editorial: "Llegará un productor o artista famoso y nos pedirá el canto para grabarlo en su próxima superproducción que llegará a todo el mundo". O bien, lo presentaremos en un súper concurso y ganará toda suerte de premios y honores.
En realidad esto no es en absoluto importante, y la mayoría de las veces no sucede. Lo importante es que nuestro canto nuevo rinda gloria a Dios y sea para santificación de los fieles, como ya dijimos antes.

Algunos "cantos nuevos" que yo he compuesto se han quedado escondidos en mi corazón por mucho tiempo, y los sigo usando solamente para mi oración personal. Son cantos "íntimos" que solo Dios y yo conocemos. Otros, han dado frutos que yo no esperaba. Recuerdo que cuando compuse el canto "Aquí hay un muchacho", nos gustó tanto, que quisimos participar con él en el Festival de la Canción Vocacional de Monterrey, México. El año que lo presentamos, hubo como 60 canciones, en 4 eliminatorias. De allí se escogerían 14 para la final. ¡No pasamos a la final, y "perdimos" desde la eliminatoria! Al principio nos entristecimos, porque creímos que el canto había "muerto". Pero años después, el canto se volvió muy popular en muchas ciudades, y dio los frutos que Dios quería de él, tocando muchos corazones.

Debemos ver nuestro "canto nuevo" como una flor que le ofrecemos al Señor, una serenata, un canto de amor. En México se dice "echarle flores" cuando se alaba a una persona. Al Señor hay que echarle flores, con nuestro canto y alabanza.

(También Santa Teresita usaba esa expresión: "arrojar flores"). No debemos preocuparnos de lo demás, sino solo ocuparnos de arrojarle flores al Señor con un canto nuevo.

De cuando en cuando, alguna de esas flores recibe de Dios el misterio de una fecundidad espiritual, y se trasforma en un fruto, que no solo adorna y glorifica a Dios, sino que alimenta al pueblo, la Iglesia, y le nutre, transmitiéndole la vida de la gracia.

Ciertos cantos adquieren esa fecundidad espiritual, sin que nosotros los hayamos promovido, sino porque así lo quiere el Señor.

Por eso, no debemos afanarnos por popularizar nuestros cantos, simplemente debemos regalarlos a Dios y a nuestros hermanos. Dios se encargará del resto, y si él lo quiere, alguno de nuestros cantos dará frutos especiales y tocará muchos corazones, además del nuestro.

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