CRISTOMANIA
 
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reflexiones de Rafa
junio de 2001 Cuarta semana

"Un cuento"

Un hombre adinerado quería hacer una obra de caridad, en su corazón nació la generosidad y decidió ir a visitar a la gente más necesitada.

Al llegar a un pueblo alejado de la ciudad fue recibido por la gente del lugar. Le trataron como a un invitado más, le saludaron y le invitaron a pasar a sus humildes casas precarias, hechas de cartón y otros materiales.

El hombre rico observó hasta el más mínimo detalle de la casa y sintió gran tristeza por la familia que le había abierto las puertas de su hogar. Sin pensarlo sacó de su billetera una cantidad de dinero y se la entregó al padre de familia.

El dueño de la casa le agradeció sinceramente aquel acto.
- Muchas gracias buen hombre, si me permite deseo que comparta los alimentos de esta humilde familia.

El hombre agradeció profundamente aquel gesto, sabía perfectamente que lo poco que tenía aquella familia lo iba a compartir de todo corazón y así aceptó la invitación.

El hombre rico pensó: ¿Cómo es posible que estas personas que tienen tan poco puedan compartirlo y alegrarse?

La comida comenzó y la familia se reunió alrededor de la mesa.
- Coma algunos de estos panes. Le dijo el anfitrión.

Como el hombre rico solía degustar exquisitos manjares y los panes estaban hechos con amor pero con ingredientes pésimos, no pudo evitar que ese alimento le causara mal sabor o incluso asco.

Pero el padre de familia insistió:
- Coma, coma, ahora se dará cuenta de lo difícil que es la vida de los humildes…y tengo una enseñanza más para usted: No basta solo con dar, debe vivir y sentirse uno de nosotros para que pueda comprender qué duro es para los pobres ser así, la generosidad y la caridad en acción van más allá que simplemente ofrecer unas monedas.

El hombre generoso comprendió entonces que solo había ido a ese lugar como un miserable avaro.

Comentario: Dar es más que desprenderse de los bienes materiales, es hacerse uno los otros.
Hay que "ponerse los zapatos de la otra persona".

P.d Le agradezco al Padre Roberto Canto y a mi hermano Martín Nieves por darme la oportunidad de conocer la Fraternidad, un lugar de rehabilitación para una vida mejor.

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